Por mucho que lo creas, trabajar bajo presión no te hace trabajar mejor. De hecho, lo más probable es que tengas unos momentos del día en el que rindes más y otros en el que rindes menos. ¿Quiere eso decir que si te encuentras en un momento valle de tu jornada laboral puedes dejar para luego las tareas? Hacer eso es procastinar y te decimos rotundamente que no.

Procastinar fue, en 2016, una de las palabras más buscadas en la edición digital del diccionario de la Real Academia Española. Literalmente significa “Diferir, aplazar” lo que comúnmente conocemos como dejar las cosas para luego.

Los expertos señalan que sentir que tienes que hacer algo y ser incapaz de ponerte a ello es una fuente importante de ansiedad en el trabajo y todos sabemos que la ansiedad no es nada bueno en ningún apartado de nuestra vida. En Corvan nos gusta trabajar bien y eso supone ser eficientes y eficaces sin agobiarnos en los tiempos por eso vamos a darte 5 claves para no procastinar.

Detecta los  momentos donde mejor rindes.

¿Te cuesta encontrar tu ritmo óptimo de trabajo nada más llegar a la oficina? ¿Por las tardes aumenta tu nivel de concentración? ¿A partir del medio día es cuando lo das todo? Nadie mejor que uno mismo para saber cuándo rindes más e hincarle el diente a las tareas más difíciles.

Ten planificado tu trabajo.

Saber las tareas que si o si debes tener planificadas te ayudará a darles salida una tras otra y poder atender también los imprevistos que surjan. Como nos explican expertos en psicología laboral, es habitual que los procrastinadores tengan la sensación de no saber por dónde empezar, por eso es muy importante dividir las tareas grandes e inabarcables en pequeñas y asequibles.

Elimina las distracciones.

Silencia el móvil, aíslate con música, pide que no te pasen llamadas. Como cuando estás en el cine, ten ojos sólo para la tarea que debes abordar.

Aplica la regla de los dos minutos

Es muy simple: si la próxima tarea puedes hacerla en dos minutos o menos —quien dice dos, dice tres, cinco o diez—, hazla ya, aunque no sea urgente o prioritaria. Esta regla aparece en el libro Getting things done del gurú David Allen y forma parte de uno de los métodos de gestión de actividades más populares.  Y recuerda: si hacer la tarea te lleva menos tiempo que planificarla, hazla; si no, planifícate para hacerla más tarde.

Terminado es mejor que perfecto

Insistir en mejorar algo puede llevarte a estancarte. Es más recomendable que dejes varias tareas al 80% que centrarte en terminar una al 100%, ya que en ese caso, aumenta tu nivel de estrés y tienes la sensación de estar más al límite. Debes evitar sucumbir a la llamada Ley de Parkinson que dice que todo el trabajo se dilata indefinidamente hasta completar todo el tiempo disponible para su completa realización.

 

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