¿Después de unos cuantos años de trabajar a las ordenes de diferentes jefes, te ha tocado el turno de asumir el mando? Pues ¡que no cunda el pánico! Si tus superiores han confiado en ti para ese puesto, convéncete de que es porque has demostrado que estás preparado para el ascenso. Eso sí, una vez asumido que cumples con todas las cualidades y la experiencia para cumplir tu nuevo cometido, no pierdas de vista algunos errores que suelen cometer los líderes novatos. Un buen liderazgo tiene mucho que ver con la capacidad de comunicarse, gestionar situaciones complicadas y saber sacar el máximo rendimiento al equipo, pero muchas veces una actitud excesivamente autoritaria, no saber delegar o ser incapaz de comunicarse con su equipo pueden dar al traste con la incipiente carrera de un jefe primerizo.
Para ayudarte a evitar esos errores básicos hoy profundizaremos en los retos, cualidades y funciones que todo buen líder debe asumir para llevar a su equipo directo al éxito:
  • Contra la soledad confianza. Uno de las primeras dificultades a las que se enfrenta un jefe novato es que deja de tener el apoyo diario de sus compañeros para estar solo en la cima. Para evitar esta soledad, uno de tus primeros trabajos debe ser ganar la confianza de tus empleados y conseguir que te respeten pero, en cierto modo, te vean como uno más. Para conseguirlo una de las mejores armas es la comunicación. La información es clave en casi todos los procesos que deberás asumir. Si tus empleados conocen las causas, beneficios y ventajas, de cualquier decisión que vayas a tomar, las aceptarán mucho mejor. Crear un espacio de diálogo abierto, con un feedback constante, donde todos puedan dar su opinión y hacer propuestas hará que se sientan valorados y que valoren tu humildad y tus ganas de mejorar día a día.
  • Autoridad sí pero no autoritarismo. Seguro que conoces algún caso de ese jefe novato al que se le sube el cargo a la cabeza y quiere demostrar su autoridad imponiendo decisiones sin tener en cuenta al equipo, ignorando a sus empleados o incluso castigando o despidiendo a algún subordinado por el mero hecho de demostrar que puede hacerlo. Pero, si quieres ser un buen jefe, huye del autoritarismo. Un líder es aquel que sabe guiar, inspirar y exigir a sus empleados, pero sin que se sientan obligados a obedecer por miedo a represalias. Para no caer en este error intenta no sacar conclusiones precipitadas sobre los actos de tus subordinados. Pregunta antes de juzgar porque, a veces, las cosas no son lo que parecen y un castigo o reprimenda injusto podría poner una distancia insalvable entre tu trabajador y tú y romper para siempre la necesaria complicidad entre el equipo.
  • Prohibida la indecisión. Tómate tu tiempo para reflexionar sobre cualquier problema que te plantee un empleado pero, una vez que tomes una decisión mantente firme en ella. Los miembros de tu equipo deben sentir que pueden confiar en tus decisiones, que serán fundamentadas y que asumirás toda la responsabilidad. Puede que no estén de acuerdo, pero apreciarán tu determinación y criterio.
  • Tú el primero. Desde el momento en que asumes el mando debes ser “el ejemplo”. Por tanto, aunque mantener una conducta y valores intachables no es tarea fácil, debes conseguir un alto nivel de exigencia e intentar ser siempre el espejo en el que todos se miren. También es importante saber afrontar tus propios errores. Ocultarlos no es una posibilidad. Reconócelos, fundaméntalos y pide disculpas. Tu equipo agradecerá tu sinceridad, te hará más humano y os servirá para aprender juntos de los fallos cometidos.
  • Afronta los fallos de tu equipo. El temor a que te rechacen o incluso a herir a tus empleados hace que muchas veces seamos incapaces de comunicar los fallos que cometen en su trabajo.  Esta actitud es muy frecuente en los jefes novatos, pero se debe cambiar cuanto antes pues en caso contrario solo prolongaríamos y agravaríamos el problema. Lo mejor es que hables con el empleado en el momento en que detectes el error y que lo hagas siempre de forma asertiva.
  • Delega. Acostumbrado a hacer el trabajo que ahora deberían hacer tus subordinados muchas veces nos parece más fácil realizarlo nosotros mismos. Es muy frecuente en el líder novato que sea incapaz de ceder responsabilidades, pero lo cierto es que debe hacerlo porque su cometido ahora es coordinar y dirigir al equipo encargado del trabajo que antes realizaba él. De no ser así, no sólo hará que sus trabajadores tengan la sensación de que el jefe no confía en ellos, sino que la calidad y el rendimiento del equipo se verá afectada.
En resumen, un buen líder debe sacar el máximo de sus subordinados inspirándoles confianza, gestionando las emociones y relaciones interpersonales, comunicando de manera asertiva, siendo efectivo en la resolución de los conflictos y en definitiva haciendo equipo.

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