Si te identificas con la frase “¡que ganas tenía de volver a la rutina!”, puede que no te interesen los consejos que os daremos a continuación, pero si para ti, como para la mayoría, la “cuesta de septiembre” es mucho más que una cuesta económica, te recomendamos que continúes leyendo. ¿Te sientes triste, irritado o sin  motivación? o incluso ¿tus músculos están doloridos, estás cansado y tu sueño y apetito están alterados?. Pues tranquilo, porque si padeces alguno de estos síntomas lo más seguro es que simplemente seas presa del “síndrome posvacacional”.

 

Entre un 25 y un 30% de los trabajadores padecen este síndrome cuando se tienen que reincorporar al trabajo. Suele durar de 2 o 3 días hasta un máximo de 21 y posiblemente con unas sencillas pautas, que te ayudarán a facilitar tu adaptación, pronto estarás listo para plantarle cara a este nuevo periodo laboral. Nuestra primera recomendación es que el regreso a la rutina sea lo más progresivo posible, pero tenemos otras recomendaciones que seguro aliviarán el impacto emocional que supone el final de las vacaciones.

 

Pautas contra el estrés posvacacional:

  • No dejes el regreso a casa para el último día. Todos queremos alargar al máximo cada minuto de vacaciones, pero aterrizar en casa horas antes de volver al trabajo puede dificultar y mucho tu adaptación a la rutina diaria.
  • Adapta tus horarios de manera paulatina. Seguro que en vacaciones te acuestas tarde, te levantas tarde e intentas dormir todo lo que no has dormido los últimos once meses. Sin duda haces bien pero intenta no alargar este placer hasta el último momento. Por lo menos, una semana antes de volver a trabajar, deberías ir regulando tus horarios poco a poco hasta que sean lo más parecidos a los que tendrás que cumplir la próxima semana.
  • Marca objetivos realistas, empieza por los más pequeños y prioriza lo inmediato. Intentar hacerlo todo de golpe solo incrementará tu estrés, tu frustración y la sensación de descontrol que nos invade cuando volvemos a trabajar después de muchos días de descanso.
  • Ante todo, organización. Cuando volvemos de vacaciones organizarse es más necesario que nunca. Te recomendamos que hagas listas de tareas pendientes y vayas cumpliendo objetivos poco a poco.
  • Ponte objetivos a corto plazo. Cada día elige uno y afróntalo convencido de que va a salir bien.
  • Acepta imprevistos y errores. Ambos son parte de nuestra vida personal y laboral y lo mejor que podemos hacer es aprender de ellos y seguir adelante.
  • Sé positivo. Puede parecer obvio pero, precisamente por eso, muchas veces olvidamos recordarnos a nosotros mismos la suerte que tenemos de estar trabajando, lo mucho que nos hemos preparado o hemos luchado por conseguir ese puesto o por qué no, lo desgraciados que seríamos si no tuviéramos trabajo al que volver.
  • Date unos minutos para pensar e incluso escribir esos motivos “horribles” que hacen que tu vuelta al trabajo sea tan deprimente. Seguramente te darás cuenta de que ni mucho menos son para tanto.
  • Acepta tus emociones. Si, a pesar de todo lo anterior, sigues triste, melancólico o desmotivado lo peor que puedes hacer es revelarte contra lo que estás sintiendo. Esas emociones son mecanismos que utiliza nuestro organismo para adaptarse a los cambios, así que si te apetece contar o expresar lo mal que te sientes no dudes en hacerlo. Incluso llorar, si lo necesitas, te hará afrontar la situación con mayor serenidad.
  • Vuelve a tus hábitos alimenticios y al ejercicio físico. Volver a la normalidad cuanto antes es el objetivo pero no debemos forzarnos. Recuperar tus rutinas de manera paulatina es clave para volver a habituarte a la vida laboral.
  • Aprovecha cualquier momento libre. Permitirnos pequeños placeres como quedar con los compañeros a la salida del trabajo, ir al cine o salir a cenar con tu pareja puede ser de gran ayuda y darnos una perspectiva mucho más realista y positiva de nuestra vida más allá de las vacaciones.

 

Estos consejos son de gran ayuda en la mayoría de los casos pero, si cada vez te sientes más ansioso y deprimido o padeces síntomas como palpitaciones, hiperventilación, sudación o taquicardias, lo mejor es consultar a un especialista para evitar un verdadero síndrome de ansiedad generalizada o estrés crónico.

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