La velocidad con la que se han sucedido muchos de los cambios acaecidos en los últimos años nos ha impactado a todos, en mayor o menor medida, en forma de crisis personal o laboral. Admitámoslo, no nos educaron para que nos guste el cambio y hemos acabado pagándolo. Si te dijéramos que hay un modo de sacar la lección que encierra cada cambio para apoyarnos en ella y prepararnos ante el futuro ¿te gustaría conocerlo? Existe y es el Método Ikigai.

Desarrollado por Héctor García y Francesc Miralles y plasmado en el libro “El método Ikigai. Despierta tu verdadera pasión y cumple tus propósitos vitales”, es un auténtico viaje por las estaciones de la felicidad, en palabras de sus autores.

Su lectura nos enseña a aceptar el paso del tiempo, porque en Oriente saben que lo único que no cambia es el cambio. Mediante la reflexión y la comprensión de los cambios que hemos vivido sacaremos las enseñanzas necesarias para saber cómo nos afectaron y así estar preparados en el futuro.

Otra de las claves que aprendemos del Método Ikigai es, ni  más ni menos, que la de la eterna juventud. Y esta no es otra que la tener una razón de ser, un motivo o ilusión que nos procure felicidad cada día. A esa razón los japoneses la llaman Ikigai y todos tenemos uno o varios e incluso, no es el mismo a lo largo del tiempo, ya que va cambiando según la etapa vitales. Descubrir nuestro ikigay y guiarnos por él nos asegura vivir por aquello que realmente vale la pena. Nuestro ikigai, nos dice el libro, se parece mucho al cambio: es una constante que nos acompaña siempre y va mutando según las etapas de la vida.

Por último, esta lectura nos alerta de los peligros de acomodarnos una vez hayamos conseguido nuestros objetivos. La temida ley del mínimo esfuerzo, la pereza, el abandono  que puede alcanzar cualquiera de nuestros ámbitos: la relación con amigos y familiares, el cuidado de nuestra pareja, el nuestro propio, la educación de los hijos, la exigencia en el trabajo o en cualquiera de nuestras metas intelectuales, artísticas, de salud incluso las deportivas.

La pregunta es ¿cómo encuentro mi ikigai? Para descubrirlo tendremos que sumergirnos en esta lectura que, promete, sin duda, un viaje apasionante no ya por el lejano oriente sino por nuestro yo más cercano y, a la vez, más desconocido.

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