Agotamiento y falta de energía, “distanciamiento mental” del puesto de trabajo o disminución de la eficacia laboral. Es muy posible que sientas o hayas sentido estos síntomas o que los hayas observado en algún compañero. Si es así debes saber que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), padeces el “burnout” o síndrome del trabajador quemado. Una dolencia que desde 2022 estará incluida dentro del catálogo de esta organización, que recoge más de 55.000 trastornos y causas de muerte. La OMS decidía incluirlo en su clasificación de enfermedades el pasado 25 de mayo, especificando que es “es un síndrome como resultado del estrés crónico en el lugar de trabajo y se refiere específicamente a los fenómenos en el contexto laboral. Por tanto, no debe aplicarse para describir experiencias en otras áreas de la vida”.

La OMS ordena así una frontera antes difícil de delimitar, ya que deja claro que el “Burnout” se relaciona exclusivamente con el trabajo y no con la vida cotidiana, como hasta ahora se creía. Por tanto, ni las responsabilidades familiares, ni los problemas a fin de mes, ni un divorcio o cualquier enfermedad personal o de un familiar tienen que ver con la aparición del síndrome del trabajador quemado.

La crisis o las TIC, factores desencadenantes

Eso sí, circunstancias externas como la crisis o las nuevas formas de trabajo surgidas de la revolución tecnológica que vivimos lo han acentuado. Según la Encuesta Nacional sobre las Condiciones de Trabajo (EWCS) de 2015, el 28,3% de los españoles declaró que el uso de las TIC eleva su nivel de estrés, ya que los whatsapp, los correos electrónicos o las continuas llamadas les hace imposible desconectar.

Médicos, enfermeros, profesores, agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado y en general, aquellos que trabajan en contacto con el público, son los que más lo sufren, ya que el trato directo con otras personas supone para ellos una gran carga emocional. También la precariedad (72%), la excesiva carga de trabajo (66%) o el acoso laboral (59%) desencadenan la aparición de esta dolencia. Carecer de un horario fijo, tener un salario precario o un contexto social muy exigente pueden, así mismo, agravar el problema.

¿Qué síntomas deben alarmarnos?

Pero, atención, porque no todos los trabajadores que están estresados padecen Burnout. Si somos capaces de desconectar al llegar a casa, en las vacaciones o los fines de semana o si descansamos y dormimos bien no estamos aquejados de este síndrome. El problema viene cuando ese estrés se hace demasiado intenso y crónico y aparecen otros síntomas como el cansancio emocional, la despersonalización o el trato con frialdad e incluso mal, tanto a clientes como a compañeros. Además también disminuye la autoestima y realización personal, se tiene pensamientos negativos y a nivel laboral, baja el rendimiento y productividad e incluso se sufren más accidentes en el puesto de trabajo. En el peor de los casos puede estar detrás de patologías tan graves como el infarto de miocardio y de dolencias leves como las jaquecas diarias y puede incapacitar permanentemente a una persona para desarrollar cualquier tipo de trabajo.

Existen, por tanto, sobradas razones para que la OMS haya decidido incluir el Burnout en su catálogo. No en vano, el estrés laboral está considerado el segundo problema de salud laboral más frecuente en Europa. Su magnitud es tal que se le atribuye entre el 50 y el 60%de los días que se pierden en el trabajo. Así mismo, según Eurostat, el 28% de los trabajadores europeos se han sentido expuestos a riesgos psicosociales que afectan a su bienestar mental.

Pero, a pesar de el auge de esta dolencia, las empresas españolas siguen sin estar a la altura. Sólo el 7% de ellas han hecho los deberes a la hora de atender los riesgos psicosociales en su entorno laboral, según SEAS. De hecho, la ley de prevención de riesgos laborales es de hace 23 años y se centra fundamentalmente en riesgos físicos.

Para prevenir este síndrome, los expertos coinciden: hay que cambiar la cultura empresarial e implantar medidas que generen la satisfacción del empleado. Desde facilitar la conciliación, a flexibilizar los horarios, formar y reciclar permanentemente a los empleados o implementar el teletrabajo.

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