El mundo del fútbol y el de las grandes empresas tiene muchos más paralelismos de los que podemos creer. El primero y más evidente es el de los grandes fichajes, empleados estrella que se convierten en la imagen de la empresa pero que requieren un trato diferenciado y, en ocasiones, pueden traer incomodidades al equipo.

Si tomamos como ejemplo el órdago lanzado por Cristiano Ronaldo al Real Madrid, lo veremos claro. Tú empleado TOP se siente maltratado, se enfada, te exige cambios y tu dudas si claudicar para evitar su marcha o mantenerte firme para evitar que el resto de la plantilla se subleve por discriminación en el trato.

Ninguna empresa está exenta del riesgo de que su empleado estrella amenace con marcharse si no se le otorgan determinados privilegios o mejoras. Lógicamente, el profesional tiene todo el derecho del mundo a exigir y la dirección a ceder o no, forma parte de un proceso natural de negociación inherente a la vida misma. El profesor de IESE José Ramón Pin añade, sin embargo que la persona que reclama debe haber cumplido previamente con sus obligaciones para poder ejercer este tipo de presión.

Una vez comprobado el aspecto anterior, el directivo que recoge el guante debe preguntarse cuán de importante es ese empelado y valorar en una lista los pros y contras de su marcha así como los de su permanencia. Y debe hacerlo de modo reflexivo, nunca guiado por un impulso. Hay que tener en cuenta que otro de los daños colaterales de estos últimatums es el de perder nuestra credibilidad frente al resto de empleados.

Muchos de vosotros os preguntaréis si se puede hacer algo para evitar llegar a esta situación, ya que no es un caso que se de de la noche a la mañana, sino que tiene su propio proceso de maduración. De hecho, el buen directivo, será capaz de adelantarse a esta situación y establecer unos mecanismos para evitar, en la medida de lo posible, llegar a ella.

Por último, os dejamos una serie de pistas que os pueden llevar a plantearos si ese empleado talentoso está buscando un nuevo trabajo:

  1. Disminuye su productividad y proactividad.
  2. Cambios o descuidos en sus costumbres de trabajo.
  3. Solicitudes de tiempo libre que antes no se daban.
  4. Disminuye la interacción con sus compañeros.
  5. Evita mantener reuniones privadas con los jefes incluso encontrarse con ellos cuando antes aprovechaba cualquier situación para propiciar estos momentos.

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