Si existe algo que puede frenar tu éxito profesional, es el miedo. El miedo también tiene un extraordinario poder sobre las actitudes y decisiones que tomamos en nuestro entorno laboral. Es imposible eliminar todos nuestros miedos, aunque podemos identificarlos y aprender a controlarlos.

Cuando a veces no te atreves a dar tu opinión o a expresar tus desacuerdos con alguna medida que ha tomado tu empresa, cuando no eres capaz de cambiar de trabajo o simplemente cuando te bloqueas al tomar decisiones, el miedo está actuando por ti.

Por ello, es necesario que aprendas a reconocer tus temores para poder desarrollar tu potencial y progresar en tu trabajo. A continuación, detallaremos algunos de los miedos más frecuentes que sufrimos en relación a nuestro ámbito laboral.

Uno de los principales miedos que se ha potenciado con la crisis económica es el miedo a no llegar económicamente a final de mes con suficientes ingresos. Normalmente, este miedo se manifiesta cuando no se tiene trabajo o cuando no somos capaces de dejar un trabajo con el que no estamos contentos.

Otro de los miedos más conocidos es el miedo al ridículo, típico de las culturas latinas. Por culpa de este temor, no expresamos nuestras ideas, nos cuesta hablar en público o no nos atrevemos a conversar en otro idioma, aunque tengamos dominio del mismo.

El miedo al fracaso es uno de los más vinculados al mundo laboral. A todos nos cuesta asumir errores y buscamos constantemente el reconocimiento de nuestras compañeros o superiores. La consecuencia más negativa es la paralización a la hora de tomar decisiones por terror a la equivocación.

Por último, encontramos el miedo al cambio. En este último se engloban todos los anteriores y lo sienten casi todas las personas en algún momento de su trayectoria profesional o personal. Se exterioriza cuando salimos de nuestra “zona de confort” para afrontar nuevos retos.

Las personas podemos padecer varios de estos miedos a la vez o en distintas etapas de nuestra vida. El reto, es no verse sobrepasado por estos y conseguir convivir con ellos sin que se conviertan en un lastre en nuestra actividad profesional. Debemos aprender a identificarlos y convertirlos en una fortaleza y no en una debilidad.

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