coaching

En el año 2014 la prestigiosa revista Forbes marcó como una de las tendencias clave para directivos y ejecutivos el coaching. En aquel momento era lógico, las empresas disponían de menos recursos económicos y lo que anteriormente se cubría de una manera más material, requería que cada empleado estuviera comprometido para que, guiado por un coach, lograra sacar el talento que le permitiera alcanzar sus mejores resultados. Pero hoy eso ha cambiado.

Pasado este primer momento de éxito, esta herramienta lleva varios años moviéndose en lugares comunes y la gente está cansada de ideas y consejos ambiguos, de manuales mágicos, de conferencias motivadoras, de escuchar que deben sacar la mejor versión de sí mismos, de que pueden conseguir todo lo que se propongan y que deben abandonar la zona de confort.

El uso de esta herramienta se ha extendido demasiado, con el afán de motivar por motivar, sin entender que el verdadero objetivo es que el directivo atraviese un proceso de crecimiento y mejora profesional y que ello no tiene porqué derivar, en un corto plazo, en resultados positivos para la empresa. Además, en ocasiones, se ha recurrido a él cuando el equipo no estaba maduro para atravesar por un proceso de este tipo, lo que ha supuesto una pérdida de tiempo y recursos económicos.

Por eso, tras varios años de vigencia y la mejora del clima de confianza empresarial, muchas de estas herramientas han quedado desfasadas y en ocasiones desprestigiadas ya que, movidos por la fiebre del coaching, surgieron muchos falsos profesionales que con sus malas prácticas desprestigiaron esta profesión.

Por este momento el coaching atraviesa un momento crucial en su ciclo de vida. Si crees que necesitas un coach, adelante, búscalo, pero trata de dar con el mejor para ti. Y ese profesional será el que mejor empatice con el cliente, el que pregunte de forma sutil para dejar hablar, el que te lleve hacia el punto en el que uno mismo se descubre sabiendo lo que quiere. Porque el buen coach es eso, alguien que es capaz de sacar lo mejor de uno mismo.

Por eso, para reconocer a un buen coach, desconfía si:

Nadie te da referencias. Las certificaciones de institutos desconocidos son fáciles de fabricar así que antes de iniciar un proceso pregunta por él, busca en las redes, en los contactos, en empresas. Si es bueno habrá trabajado antes y podrás obtener referencias suyas.

No te remueve por dentro. Un coach jamás realiza preguntas cerradas, de las que pueden responderse con un si o un no. Debe formular las preguntas de forma que inviten al coachee a hablar y abrirse, que le remuevan por dentro. Que le resulten incómodas, incluso. En definitiva, que le obliguen a pensar y  mucho sobre cuestiones vitales de su carrera profesional.

Apuesta por procesos largos. El coach no debe volverse alguien imprescindible para su cliente, no debe generar lazos de dependencia. Cuando eso ocurre, se convierte en otro tipo de profesional.

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