“Ascenso profesional”. Dos palabras que sin duda evocan éxito, satisfacción, orgullo… pero puede que también miedo, vértigo o confusión. Y es que, si conseguir ese ascenso se considera un gran logro, no es menos cierto que  viene acompañado de consecuencias positivas pero también algunas veces negativas. El cambio viene de la mano de un aumento de sueldo, reconocimiento de tu valía profesional, autoconfianza.. Sin embargo, cuando se consigue esta meta profesional no todo son buenas noticias. Los cambios no siempre son fáciles y adaptarte a ellos va a depender de tu capacidad y actitud para afrontar nuevos retos.

Sin duda, un ascenso es un gran desafío que puede provocar miedo. Y precisamente descubrir si eres capaz de superarlo y aprovechar esta oportunidad para cambiar a mejor tu vida y no para ser un poco más infeliz es lo primero que debes hacer antes de aceptar tu nuevo cargo. Resolver esta incógnita puede no ser fácil pero hay algunas preguntas que te pueden ayudar:

  • ¿Por qué quiero este ascenso? ¿Realmente te interesa, tiene ventajas, el sueldo va a compensar trabajar más horas o tener más responsabilidad? Sin duda el dinero, el reconocimiento o el status son importantes pero lo que realmente debe de inclinar la balanza a favor del ascenso es la motivación con la que te enfrentas a esta nueva etapa.
  • ¿El ascenso es coherente con las metas que me había propuesto? Si realmente el nuevo cargo es un paso adelante hacia los objetivos que te habías propuesto a largo plazo deberías aceptar, pero no olvides que muchas veces ascender puede ser muy beneficioso a corto plazo pero alejarnos de nuestro verdadero objetivo.
  • ¿Por qué dejó el puesto la persona a la que voy a sustituir? Una alta rotación en un cargo es una clara señal de que tal vez el ascenso no es tan buena noticia como pensabas. Si descubres por qué se fueron las personas que lo ocupaban anteriormente y qué se esconde detrás de esa promoción tendrás argumentos de peso para aceptarlo o no.
  • ¿Que cambios deberé asumir en mi vida profesional y personal? Haz una lista de tus prioridades, tanto personales como profesionales, y piensa cómo les afectará tu nuevo cargo. Muchas veces ni el dinero ni el prestigio compensa las horas que deberás robar a tu familia o la carga de estrés que conllevará.
  • ¿Serás capaz de superar la ansiedad y el miedo? Un nuevo puesto supone nuevos retos y consecuentemente más dificultades, problemas y baches en el camino. Si tu incapacidad para superarlos te preocupa más que lo que puedes crecer y aprender al afrontarlos puede que sea una clara señal de que no deberías aceptar.
  • ¿Querías este ascenso o te tocaba por defecto? Si tú mismo te has postulado para el nuevo puesto, no hay duda, debes afrontar el reto. Pero si estabas en la terna de candidatos porque así tocaba en la línea sucesoria puede que no tengas mucho interés y te falte motivación para asumir el cargo.
  • ¿Te vas a levantar feliz cada día para ir a trabajar? Si no te gusta el equipo con el que trabajarás, si no crees en el proyecto que vas a afrontar o si te va a superar la responsabilidad tu estado de ánimo se resentirá y puede que tengas más dinero o más reconocimiento pero seas mucho más infeliz. ¿Crees que compensa? El puesto de trabajo es el lugar donde pasamos más horas al día, así que si no vas a trabajar a gusto y no vas a ser feliz trabajando mejor que no aceptes.
  • ¿Se resentirá mi relación con amigos y compañeros? Si la amistad ocupa un lugar importante en tu vida deberías reflexionar sobre las consecuencias de convertirte en el jefe de tus antiguos compañeros o en el socio del que antes era simplemente tu amigo. Valora si el cambio de roles puede afectar negativamente en vuestra relación y en qué medida eso puede hacer que se resienta tu vida personal.
  • ¿Eres el adecuado para el puesto? Como hemos dicho antes, puede que te hayan ofrecido el puesto porque te encontrabas en la línea sucesoria, pero debes descubrir si tienes las habilidades adecuadas para ocuparlo. Una buena manera de saberlo puede ser hablar con la persona que deja el puesto y conocer de cerca el trabajo a realizar. En caso de que el ascenso implique el cumplimento de una misión u objetivo en concreto, deberías revisar las posibilidades de reales de éxito. Si no crees que puedas conseguirlo, mejor no arriesgues tu prestigio.

Si después de valorar y reflexionar detenidamente sobre estas preguntas crees que debes aceptar el cargo, confía al cien por cien en tu preparación y cualidades y no dudes que eres capaz de superar todas las dificultades. Y ante cualquier duda sobre tu formación o capacidad huye del victimismo. Trabaja con pasión, estudia, esfuérzate y superarás cualquier problema que aparezca en tu camino. No olvides que la paciencia es una gran virtud. Tal vez te cueste adaptarte al principio pero con tiempo y dedicación seguro que serás capaz de demostrar que te has ganado el asenso por méritos propios.

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